Profundidad de los Sueños

“Aquella luna, nunca antes vista por el sol
en sueños ha vuelto”
Rumi

Los sueños son parte de nuestra vida tanto como la respiración, las relaciones y el lenguaje; nos forman y definen de maneras que no sospechamos. Podemos intentar buscar lo mas atrás posible, decenio a decenio, siglo a siglo, y en algún lugar y de alguna manera nos encontraremos con su presencia asomando en el arte, en la cosmología, en los mitos y leyendas, en los grandes amores, los descubrimientos, la ciencia y la religión, en los movimientos sociales.

Un tercio de nuestra vida en promedio estamos durmiendo, esa asombrosa experiencia de total entrega donde nos renovamos a nivel celular, mental, energético y espiritual. Y allí en ese tercio ocurre uno de los hechos misteriosos mas maravillosos de nuestra experiencia
humana: soñamos.

Hasta hace poco se creía que soñábamos solo en la fase REM, pero hoy se sabe que lo hacemos en todas las fases del dormir. De toda esta cantidad de sueños por noche las personas que más habilidad tienen para recordar sus sueños pueden recordar dos o tres por noche. Y de cada sueño solo logramos retener máximo un cuatro por ciento de su contenido. Estos datos son muy relevantes y nos dicen varias cosas de la naturaleza de la consciencia y de nuestra conformación como
individuos.

Primero que en realidad la mayor parte de nuestra relación más profunda con los sueños se mantiene siempre en lo desconocido, en un lugar lleno de contenido, actividad y energía; y que sin embargo está velado a la consciencia del yo individual. Y segundo, que el punto de contacto o el puente entre los dos mundos está determinado por el recuerdo. Y así como uno recuerda a su amada o amado y con ello genera un enorme movimiento interno de vínculo, de amor y retroalimentación. Así mismo el contacto con el recuerdo puede convertir nuestros sueños de un hecho inevitable y pasajero, a una relación directa de experiencia y
sabiduría.

La práctica del recuerdo es tan antigua como la humanidad misma, de alguna manera es una práctica mágica. A través de ella podemos establecer contacto con algo que no está físicamente en ese momento y también de hecho podemos hacerlo con algo intangible y también con algo que nunca hemos conocido. El recuerdo es una actividad creativa que trae la presencia de aquello que recordamos y así permite que se integre a nuestra vida. La práctica del rosario en diferentes religiones es una práctica del recuerdo, del recuerdo de dios en alguno de sus aspectos. O en el caso del budismo tántrico de conexión con algún aspecto de nuestra propia mente. Cuando recordamos y mantenemos ese recuerdo de alguna
manera nos transformamos en aquello que recordamos y en ese momento podemos ser participantes activos de ese recuerdo, vivificándolo y dándole nuevos significados a la luz de nuestra experiencia, que va madurando y cambiando a medida que envejecemos. Esto tiene enormes implicancias terapéuticas.

Podemos entender procesos nuestros a un mayor nivel, sean estos recuerdos que vengan a partir de nuestros sueños o de nuestra memoria de historia personal. El recuerdo no es un objeto, que se mantiene fijo e intocable; cuando recordamos hemos dado solo el primer paso, es la conexión, luego viene la relación activa con el recuerdo que mediante el poder de la imaginación puede vivificar, sanar, liberar y
transformar los elementos que componen nuestro ser en todos sus niveles y planos de manifestación.

Nuestros sueños influyen en varios niveles y la actividad onírica tiene grandes repercusiones a nivel individual y colectivo.

A nivel psicológico, emocional, relacional, afectivo, energético y espiritual; todas las áreas de nuestro ser están conectadas con ese espacio de total posibilidad creativa. El mundo de los sueños es uno que tiene sus propias leyes, muchas son similares a las de nuestro mundo cotidiano, otras son muy distintas, y todas ellas pueden cambiar, nada permanece fijo, todo cambia constante y cíclicamente como nuestro mundo si lo miramos más detenidamente. Pero una cosa si es clara, nada de lo que allí ocurre, se formula y expresa tiene como comando al yo individual. Y esta característica incontrolable de los sueños es lo que al mismo tiempo nos fascina, nos confronta y nos entrega la gran posibilidad de conocernos mas allá de la idea que tenemos de nosotros mismos y mas allá de nuestras creencias personales.

Hoy en día estamos muy alejados de varias facetas de la vida muy importantes a la hora de comprender la experiencia humana de una manera directa y profunda. La experiencia del morir es una de ellas, en la cual podemos profundizar mucho por que no es algo tácito como la muerte sino mas bien un proceso de renovación que se cumple en cada forma de vida. El dormir profundo sin sueños es otra experiencia asombrosa, me parece increíble que no nos detengamos a reflexionar al menos por un momento como nos entregamos con tanta confianza, en la mayoría de los casos, a una actividad que nos disuelve por completo, sin dejar trazos de nada, y luego volvemos de “aquello” como si nada hubiera pasado. Otra es el soñar, un momento de experiencia único en donde todo un universo de situaciones se recrean con elementos conocidos y desconocidos de manera tal que somos arrojados a parábolas, cuentos, fábulas o pesadillas cada día sin que ninguna se repita exactamente igual dos veces. Sin nuestra decisión individual directa, se recrea la vida en múltiples formas, formas que son simbólicas como es el lenguaje de la naturaleza, de lo sagrado femenino y de la íntima conexión con el alma, el verdadero ser.

¿Que espacio es ese donde los sueños ocurren? Son parte de nuestro ser total, si estamos en el camino del conocimiento interno algo hemos podido intuir. Pero estamos distantes, como en un mundo paralelo. Es inquietante, para nuestro cerebro las experiencias vividas en los sueños son reales; si en el sueño vamos cayendo nuestro cerebro experimenta una caída real y activa todas las alarmas y reacciones hormonales. Entonces es nuestra realidad interna la que se hace presente, otra realidad si, pero tan importante como la de lavarse los dientes o besar a la amada por la mañana.

En los sueños se despliegan señales de nuestro ser. El mundo de los sueños es uno intermedio, un bardo, un lugar de transición. Muchos niveles de realidad, sutiles y densos tienen contacto y acceso al mundo de los sueños. Allí podemos encontrarnos con nuestro horror y nuestra belleza, con nuestros auto engaños y nuestra sabiduría innata, con guías espirituales y con embaucadores de la mente. Y todo este contenido es parte de nuestro ser total, por lo tanto los sueños son un espejo de la totalidad, este no miente, no selecciona, solo refleja de forma honesta y directa. Nos queda entonces aprender a relacionarnos con el, trabajar interna y externamente para pulir nuestra mente y sanar nuestro ego para que puedan ser un vehículo cada vez más directo de nuestro verdadero ser.

Es importante que cada persona pueda conectar con sus propios sueños para sanar su vínculo con el espíritu de vida.

Hay varias repercusiones dramáticas del sistema patriarcal en nuestras vidas y a todo nivel; tres de ellas son: el corte de comunicación con nuestros sueños, la naturaleza y el sagrado femenino, estos tres son una trinidad sagrada. Sin ellas no podemos obtener la matriz preciada en donde dar vida al nuevo ser, a nosotros mismos como el nuevo ser espiritual humano. Sin el balance y la sobriedad que los sueños traen al caminante por la claridad con que reflejan nuestra mente nos quedaríamos solo en la mejor versión que podríamos hacer desde nuestro ego, no podríamos salir del auto centramiento y del punto ciego del auto conocimiento que es el propio punto de vista. La profundidad del vinculo con nuestros sueños es real y hoy en día necesitamos saltar dentro de sus espacios; con una guía adecuada cualquiera puede conectar, es el primer paso, y el que marca todo lo que seguirá. Permítete ser tocado por tus propios sueños, comprende que vives también allí y que siempre somos mucho más de lo que creemos, hasta el punto de fundirnos en lo desconocido, en el milagro, en la Gracia que teje toda la vida.

Por Carlos Otero Robledo

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *