Espíritus elementales: Cómo y para qué invocar a los seres del Aire (Primera Parte)

El Aire influye sobre la compresión, la armonía, la inteligencia, la imaginación, la sabiduría, la fe y la esperanza. Los seres regidos por este elemento nos ayudan a mejorar nuestra comunicación con el entorno y a sentir con su “vuelo” un poco de libertad y alegría.

El elemento Aire es el encargado del pensamiento, la palabra y agudiza nuestra mente. Evoca en nosotros recuerdos ancestrales y nos lleva a encontrar nuevas realidades. Incentiva la imaginación para que luego cobre vida a través de la creación.
Es el elemento de las ideas, la elocuencia, el movimiento dirigido hacia metas claras, la comunicación verbal y escrita.

Su vehículo son los vientos –tanto las brisas como los huracanes- , las fragancias y las notas musicales.

Trabajar con este elemento nos permite aclarar nuestros pensamientos, dejar fluir las ideas y soñar despiertos. Por ello, cuando les hacemos un llamado a los seres del Aire desde nuestro interior, estamos creando un espacio para escuchar y ser escuchados.

Los ayudantes mágicos

Una posibilidad que nos otorga la magia es la de entrar en contacto con los cuatro elementos básicos de la naturaleza a través de los seres elementales, y el hombre no es sino una síntesis de estos elementos. Para ello se debe estudiar cómo actúan los defectos y virtudes propios de estos elementos dentro de uno mismo y desarrollar técnicas para armonizarlos. En este aprendizaje vamos a aprender invocar a los elementales del Aire en busca de su enseñanza.

Para qué invocarlos

En general, los elementales del Aire se invocan para obtener e incentivar: la concentración, elocuencia, estudio, habilidades verbales y literarias, inspiración poética, ideas creativas, la resolución de discusiones, el iniciar proyectos, plantear metas futuras, soñar despierto, realizar viajes y cambiar de ambiente.

Sin embargo, cada uno de estos seres –silfos, sílfides, hadas, y geniecillos- poseen características particulares y funciones con respecto a los humanos que  primero se deberán conocer a fin de invocarlos adecuadamente y no perturbar su paz y armonía innecesariamente, ya que si son llamados erróneamente se molestan mucho.

Los seres mágicos

Los seres mágicos del aire pueden ser benévolos o no, y las leyendas dicen que deben ser tratados con mucha prudencia porque suelen ofenderse con facilidad si se los molesta o se pronuncia ante ellos las palabras equivocadas. Ellos son afines a buscar relación con seres de otros elementos así como también con el hombre.

Prefieren ser invocados en los lugares abiertos y/o de gran altura, árboles añejos, o el aire mismo. Además, recuerde que estas criaturas se vinculan al amanecer, la primavera, el cobre, el estaño y la energía proyectiva.

Silfos y sílfides

La misión de estos seres es la de mantener el aire a salvo de la contaminación. Rigen huracanes, remolinos, vientos y todo movimiento de las masas de aire. Por eso, pueden provocar cataclismos si algún humano los ofende. Además, este tipo de criaturas se caracteriza por un estado de ánimo algo cambiante. A ambos se les atribuye el pensamiento, la imaginación y la memoria del mundo.

Los Silfos actúan donde hay un verdadero mérito escondido, porque allí deben resplandecer los rayos del sol. Ellos imprimen en los aprendices la importancia de adquirir la conciencia del conocimiento, es decir, “la Intuición”.

Los Silfos poseen una formidable memoria, y por lo tanto son sabios.  Ellos recuerdan todos los rituales y religiones de las estrellas y la sabiduría de los libros más antiguos. Si el estudiante quiere recordar la antigua sabiduría, ellos podrán instruirlo y enseñarlo.

Las sílfides, de género femenino, velan por las nubes y las lluvias. Son bellas y suelen manifestar su belleza ante los seres humanos. También pueden ser musas inspiradoras para los artistas porque pueden poner en funcionamiento mentes bloqueadas de quienes trabajan con la imaginación. Son definitivamente benévolas y de todos los elementales, las más próximas a los ángeles. Las sílfides inclusive han llegado al arte culto, como el ballet, cuando se desplazan cual gráciles ondas del aire por el escenario.

Leer la segunda parte.

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