El camino que debe recorrer un mago blanco

El poder de idear hechizos efectivos está reservado a unos pocos. Exige ante todo elevación y comprender mejor que nadie el misterio de la vida.

Es bastante difícil para la mente lógica occidental aceptar que los encantamientos mágicos y la brujería puedan alterar la vida humana, pero es la pura verdad. Este mundo es, definitivamente, un mundo de expiación, no hay otra explicación con respecto a la vida que llevamos.

El caudal de la vida, como río impetuoso, nos arrastra violentamente en contra de nuestra voluntad y en la mayoría de los casos sin que podamos hacer nada por evitarlo. La vida es este camino a veces tortuoso y más tenebroso que el cielo, que se ha cerrado antes de amanecer. Hay que buscar un sentir de lo vivido, que sea mucho más fuerte que el recuerdo y el olvido.

La vida nos tiene guardadas sorpresas inesperadas, algunas muy violentas, que nos sacuden de pies a cabeza. Sin embargo, son las fuerzas espirituales las que manejan el mundo material, una verdad que la mayoría desconoce.

La magna energía creadora llamada Dios, desde el centro del Cosmos maneja a toda su creación y controla desde lo más pequeño hasta lo más grande. La paz espiritual se obtiene cuando el hombre llega a controlar la mente y dominar su corazón. Donde mora la Luz, no tienen cabida las tinieblas. Este principio es el que guía a todo mago que tiene por designio trabajar en favor del Bien. En cambio, los que practican con éxito la magia negra, son grandes adeptos con vastos conocimientos de las leyes naturales y cósmicas, y deben ser muy buenos magos para poder sobrevivir a sus coqueteos constantes con la desintegración espiritual.

La magia es un conjunto de prácticas que se realizan para lograr producir diferentes efectos en las leyes naturales conocidas, una interferencia que se puede provocar en el destino de una persona; pudiendo ser, positiva o negativa. La Magia  Blanca ha sido definida como el “Arte de producir efectos maravillosos por medio de los Poderes Sobrenaturales”. No cualquiera puede nombrarse a sí mismo como mago, sinuoso es el camino y la espiritualidad debe guiarlo.

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