El misterio de las sectas

La palabra alude a un grupo de personas que siguen a un líder y cuyas creencias se apartan de  la mayoría. Así, los primeros cristianos constituyeron una secta, antes de convertirse en la religión dominante.

¿Qué quiere decir la palabra secta?

Hay muchas definiciones. La lingüística afirma que una secta es “un grupo de personas dirigidas por un maestro que les enseña una doctrina particular”. De este modo, podemos reconocer como secta a cualquier ideología política, social, religiosa, filosófica, etcétera, junto con sus seguidores. Pero  ese significado se ha ido desdibujando con el tiempo y ha caído en desuso. Otra definición considera que es una “doctrina religiosa que se aparta de la tradicional u oficial”. Esta consideración mantiene su vigencia.

¿Por qué muchas agrupaciones se sienten agraviadas cuando se las denomina “secta”?

No es una denominación despectiva. Lo que ocurre es que la palabra se fue cargando de un significado peyorativo a partir de la década del sesenta, cuando florecieron numerosos grupos minoritarios con creencias religiosas y espirituales, provenientes de diferentes matrices doctrinarias. Algunas de estas comunidades llevaban a cabo prácticas consideradas peligrosas. Así, captaban la voluntad de sus adeptos de manera absoluta, separándolos de su familias y cambiando  sus principios. Fue de esta forma que muchos de los miembros arruinaron su salud, se les hizo imposible vivir fuera del grupo y, cuando fueron “rescatados” por sus familiares, tuvieron que realizar un arduo trabajo para reinsertarse en la sociedad. Este tipo de grupos han sido definidos como Sectas Destructivas. Sus características similares y el proceso de transformación que sufren sus miembros han permitido reunir dentro de esta clasificación a las comunidades más diversas.

¿Cómo se diferencia una secta destructiva de otra que no lo es?

Hay señales precisas. En primer lugar, el líder de una secta destructiva exige de sus adeptos una sumisión absoluta a su mando. Por otro lado, la metodología para lograr esa obediencia ciega incluye técnicas de persuasión coercitiva y el procedimiento denominado “lavado de cerebro”. Después de cierto tiempo, el adepto va perdiendo su personalidad y su dependencia tanto del líder, como del grupo, hace que rompa con su entorno familiar, social, religioso, etcétera. La definición actual aceptada por la mayoría de los expertos sostiene que una secta destructiva “es todo  grupo de carácter totalitario, que se presenta bajo forma de asociación o fachada, mayormente de tipo religioso, socio-religioso, cultural, socio-cultural, de supuesta rehabilitación, etcétera, que exige que sus miembros tengan una absoluta sumisión al líder”.

¿Qué actitud  tiene la Iglesia Católica frente a las sectas?

En este caso, la Iglesia tiene mucho cuidado en diferenciar los grupos inofensivos de los que no lo son y está tratando de asumir una posición más tolerante. En el pasado, dentro del calificativo de secta, en su sentido peyorativo, la Iglesia agrupaba a todas las otras religiones. Sin embargo, El nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, que representa la posición oficial del Vaticano, actualmente no califica como secta a las grandes religiones, sino que las llama religiones no cristianas.

Del mismo modo, tampoco llama sectas a las iglesias protestantes o anglicanas. Los antes llamados herejes y sectarios, pasaron a ser “los hermanos separados” y hoy el Vaticano, en aras del esfuerzo ecuménico, los denomina simplemente iglesias, reuniendo bajo ese nombre genérico credos o versiones de creencias diversas.

¿Qué es una secta satánica?

Se entiende por “secta satánica” a un grupo de personas que se reúnen con el fin de adorar a entidades demoníacas, con el objetivo de obtener beneficios muy concretos: riqueza, belleza, juventud, poder. Por lo general, los miembros de estos grupos suelen ser individuos con trastornos psicológicos y con serias dificultades para insertarse en la sociedad. En las reuniones de las sectas satánicas es común que se parodian los ritos cristianos y las ceremonias están cuidadosamente planeadas. Para convertirse en adepto hay que pasar por una serie de pruebas. Siempre son pequeños grupos sumamente cerrados. Pero no hay que confundirse. No todas las sectas son destructivas y muy pocas son satánicas. Una cosa es mantener creencias que se separan de las de la mayoría o seguir a un líder y otra, muy distinta, es participar en actividades peligrosas o directamente delictivas, como en algunos casos muy específicos. En líneas generales, una secta es un grupo cerrado que se aglutina alrededor de un “gurú” o líder carismático. Sólo se considera que una secta es “destructiva” cuando sus miembros sufren algún tipo de daño físico, psíquico y/o moral. Y en el caso del “satanismo”, la palabra lo dice todo; las creencias del grupo se orientan a adorar al diablo o entidad maléfica.

¿Qué factores permiten la aparición de una secta religiosa destructiva?

Las causas para que florezcan grupos dañinos son muy numerosas. Una de las fundamentales es la marginación social que se vive en la época actual. Frente a la falta de referentes, no es raro que una persona busque un grupo de pertenencia, un ideal con el que identificarse y por el cual luchar. No debemos echar las culpas sólo a los líderes que manejan estos grupos ni a los adeptos. Si no consideramos el problema desde una óptica más amplia, permaneceremos sin respuesta frente a los hechos.

¿Hay gente más propensa que otra a ingresar en una secta?

Cualquier persona es un miembro potencial de una secta en un período vulnerable de su vida. Las investigaciones muestran que no hay un “tipo” propenso a unirse a las sectas, ni tampoco el ser miembro implica una condición psicopatológica previa. Más bien, se cree que, cualquiera que pasa por un período de vulnerabilidad en su vida (un período de transición, tiempo de pérdidas o períodos de soledad) queda abierto a su influencia. Aunque el período de vulnerabilidad sea transitorio, si un miembro de una secta se aparece y con destreza e insistencia emplea señuelos simples y procedimientos de control, durante esos períodos, el individuo puede ser influenciado fácilmente. Así, por ejemplo, las depresiones son la causa más frecuente de permeabilidad, hecho que se agrava durante la adolescencia y juventud. Es así que, cuando un joven está deprimido por algún desengaño reciente, una pérdida o algún fracaso en sus estudios o profesión, el ofrecimiento que les haga el miembro de la secta de un grupo, constituye una falsa solución a la serie de problemas internos de tipo psicológico que pueda padecer. Mucha gente cree  que los jóvenes que se unen a las sectas son inadaptados, que son producto de familias o desunidas. Este modo de pensar es erróneo y, a lo que lleva, es a echarle la culpa a las víctimas que, por tanto, terminan siéndolo doblemente.

También, se sostiene que algunos miembros eligen involucrarse libremente y que se sienten felices de haberlo hecho. Pero esto, lo que oculta, en realidad, es que la mayoría de las sectas cuentan con estrategias para influenciar e inducir a la gente a ingresar.

En conclusión, el problema de las sectas es un asunto multifactorial y complejo. Un análisis cultural, social y psicológico, además de la evaluación de cada situación personal es la única forma de comprender su accionar y efectos.

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