Cambie emociones negativas en positivas

Aprenda a trabajar con sus peores sentimientos, a fin de transformarlos en fuentes de energía y fortaleza personal.

Dice el refrán que “no hay mal que por bien no venga”. Y, como casi siempre sucede, el saber popular no se equivoca. Y esto es lo que le proponemos en esta nota: darse cuenta de que todo sentimiento negativo contiene algo que vale la pena rescatar y aprender a extraer de ellos beneficios para nosotros.

El enojo:

¿Por qué es necesario?

Las personas que nunca se enojan no suelen ser protagonistas de la vida ni provocar cambios en ningún ámbito. El enojo, muchas veces, es la clave para conseguir cambiar las cosas. Claro que sólo debe ser usado como motor y abandonarlo cuando haya cumplido su función, para que no genere resentimientos que sólo complicarán más las cosas.

¿Cómo podemos utilizarlo a nuestro favor?

Comprendiendo que es bueno enojarse de vez en cuando, porque:

  • Es útil para protegernos cuando nos atacan.
  • Es saludable expresar nuestra agresividad cuando está justificada.
  • Es necesario enojarnos para defender a otros cuando son tratados injustamente. Si sabemos reconocer por qué nos enojamos, estaremos capacitados para saber cuándo esta emoción está justificada.

El miedo:

¿Por qué es necesario?

Porque actúa como alerta frente al peligro y su falta nos transforma en personas inconscientes. Ahora bien, como cualquier otra emoción, debe responder a un estímulo adecuado. Por ejemplo, cuando una situación no supone un peligro real para nosotros, ¿por qué hemos de temer? Éste sería un miedo que se ha transformado en irracional y que puede resultar muy dañino, porque nos lleva:

a enfermarnos

  • al fracaso
  • al rechazo
  • a no ser amados
  • a una ansiedad y alerta permanentes

¿Cómo utilizarlo a nuestro favor?

Distinguiendo ante qué situaciones sentimos temor y cuándo es normal y saludable. Si no lo fuera, habrá que acudir a un especialista; por ejemplo, en casos de angustia, fobias, etc. Siempre resultará beneficioso hablar con otros, para poder expresar y evaluar nuestras emociones.

La tristeza:

¿Por qué es necesaria?

La tristeza, como la alegría, es parte natural de la vida. Experimentarla nos permite sobreponernos al dolor de las pérdidas o de las frustraciones.

¿Cómo utilizarla a nuestro favor?

Detectando las situaciones en que ya no es beneficiosa:

  • Cuando aparece sin motivo justificado.
  • Cuando dura demasiado tiempo, en relación con el motivo que la ha provocado. En estos casos, deja de ser positiva y se vuelve negativa,  ya que no responde a una causa adecuada, o bien, invade nuestro ánimo de forma permanente.

Los celos:

¿Por qué son necesarios?

Sentir celos o lo que se llama popularmente “una sana envidia” no resulta negativo, indica que aquello que celamos o envidiamos tiene valor para nosotros. También, porque es una forma de tomar conciencia de que carecemos de algo que nos falta, que está lejos, o que es difícil de conseguir.

¿Cómo utilizarlos a nuestro favor?

Manteniendo esta emoción bajo control y evaluando beneficios o daños. Si lo hacemos, los celos nos ayudarán a desarrollar habilidades, a conseguir objetivos y a superarnos.

TÉCNICAS PARA SUPERAR EMOCIONES NEGATIVAS

Además del trabajo de concientización que hemos realizado, hay otras técnicas que pueden ayudarnos a dominar las emociones negativas.

  • Masajes: puede hacerse automasajes o acudir a cualquier masajista. Los masajes son muy útiles a fin de reconciliarnos con nuestro cuerpo y con nosotros mismos.
  • Respiración: respirar bien es la condición básica para tener una vida física y anímica satisfactoria. Apúntese, aunque sólo sea por unas pocas clases, en un curso de yoga para que le enseñen a respirar.

Pequeño ejercicio de respiración: Acuéstese cómodamente boca arriba. Cierre los ojos y relájese. Recorra mentalmente su cuerpo: sienta los pies, las pantorrillas, las piernas, los brazos, las manos, el torso, la cara, la cabeza. Repítalo tres veces. Notará cómo, poco a poco, va tranquilizándose y cómo, al relajarse, respira cada vez más lenta y profundamente. Note cómo se contrae su estómago cuando inspira y cómo se expande cuando expira o saca el aire. Repita diez veces y, luego, abra los ojos, mueva los brazos y las piernas.

  • Distensión: acuéstese cómodamente boca arriba. Cierre los ojos y relájese. Vaya recorriendo mentalmente su cuerpo y tensando y distendiendo cada parte: primero, los pies; luego, las pantorrillas, piernas, brazos, manos, torso, cara. Repita tres veces  con cada miembro. Finalmente, abra los ojos, mueva los brazos y las piernas.
  • Visualización: Antes de realizar este ejercicio, practique antes los dos primeros. Consiste en un “viaje imaginario” que lo llevará desde el aspecto negativo de al positivo de una emoción. Acostado y ya relajado, visualice lo siguiente: usted desciende por una escalera hacia una gruta en el interior de una montaña. Baja un escalón, desciende otro, sigue bajando: nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno… Está dentro de la gruta. Imagine una situación que le provoque una de esas emociones negativas: miedo (ve una serpiente); ira (alguien lo insulta y se enoja); tristeza (ve el sufrimiento de un ser querido).

Una vez que la experimente, visualice una cortina blanca dentro de la gruta. La ve y sale a través de ella, por una escalera que sube, primero, hasta la tierra, sobre un campo verde y florido, que luego sigue hacia el cielo y asciende entre las nubes. Una vez allí, la misma emoción se transforma en positiva. Usted comprende, acepta, entiende ese miedo, esa ira, esa tristeza.

Finalmente, desciende por la misma escalera hacia la tierra. Se sienta en ese campo florido y se despierta. No se levante de golpe. Abra los ojos, mueva brazos y piernas y, cuando esté bien despierto, levántese.

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