¿Se puede rechazar un daño con los ojos?

Los ojos de una persona pueden ser su punto debil o su major arma. En esta nota, investigamos como repeler ondas maleficas utilizando el poder de la Mirada.

Los ojos y la nuca suelen ser los blancos más sensibles a una mirada maléfica. En el primer caso la persona débil colabora sin querer con su atacante, porque no está preparada para enfrentar su agresión y, al devolverle la mirada, no hace más que facilitarle las cosas. Por otra parte, la nuca es una zona de gran receptibidad a las vibraciones negativas y las personas perciben la mirada fuerte dirigida hacia allí. Por eso, cuando siguen a un sospechoso, los policias evitan mirar la nuca para que éste no se de cuenta de que lo vigilan y dirigen su vista a los pies del presunto delincuente.

Para evitar el Mal de ojo o cualquier otro daño, debemos crear una barrera magnética que nos proteja de aquellos que nos “miran mal”.

En esta nota, le enseñamos algunas técnicas muy simples para desarrollar el magne-tismo de la Mirada y volverse invulnerable ante cualquier caso.

Un muro magnético

El secreto está en lograr que nuestros ojos reflejen lo que queremos mostrar, utilizando la Mirada como escudo.

Cada vez que sienta incomodidad ante una mirada persistente y poderosa, o sienta que está en peligro, opte por alguno de estos tres procedimientos.

  1. Ante una mirada fuerte, imagine que entre sus ojos y los de su oponente se interpone una pared. Concéntrese en ese muro invisible y sus ojos rechazarán la descarga negativa de la mirada del otro.
  2. Cuando alguien mira su nuca con fijeza, quédese inmóvil durante 2 o 3 minutos. Piense en algo positivo (una comida que le gusta, una actividad que esté por realizar, un recuerdo divertido). Luego, gire la cabeza con lentitud y mire a su atacante directamente a los ojos, manteniendo en su mente el pensamiento positivo. Su mirada emitirá buenas vibraciones y podrá desviar la descarga energética adversa.
  3. Si la mirada del otro es muy fuerte y usted cree que no va a conseguir rechazarla, desvíe ligeramente sus ojos de los del agresor, orientando su mirada hacia las cejas o el entrecejo. Así evitará los riesgos del posible daño.

La mirada como arma

Cuando estamos seguro de que la persona que nos mira con insistencia tiene el inequívoco propósito de dañarnos, nuestra participación no se puede limitar a utilizar los ojos como barrera. La mirada debe convertirse en un arma poderosa que obligue al otro a bajar la vista. En estos casos, lo aconsejable es fijar la mirada en la del oponente, efectuando parpadeos rápidos y breves. Hay que abstraerse de lo que esta persona pueda estar diciendo para concentrarse en los propios pensamientos. Repetir mentalmente algunas de estas frases, puede ser una ayuda eficaz: “Yo soy el más fuerte de los dos”, “No puedes vencerme”, “Mi mirada manda”, “Baja los ojos”.

La influencia del mal de ojo

El ojo ha sido considerado siempre símbolo de fuerza y resistencia. Hasta los animales luchan y se defienden a través de la mirada. Por ejemplo, cuando una serpiente mira a un pájaro, éste sabe que van a morir.

Un alquimista belga del siglo XVII llamado Van Helmott pudo probar, por medio de un experimento, la importancia que tiene la mirada en la lucha por la supervivencia. La prueba consistía en encerrar un sapo en un frasco de vidrio y mirarlo fijamente. Al principio, el animal se movía con desesperación, tratando de escaparse, pero una vez queue se daba cuenta de que era inútil, fijaba una mirada llena de odio en los ojos de su captor, y se quedaba así hasta que, finalmente, moría. Un eclesiástico francés, el Abad Rousseau, quiso probar el experimento de Van Helmot. Enfrentó sus ojos a los del sapo, pero éste no murió. Fue el abad el que sufrió la influencia del “mal de ojo”. El sapo lo venció y el sacerdote desarrolló los síntomas de una grave enfermedad que casi acaba con su vida.

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