Bailar con Dios

Danzas sagradas de unión mística

La música y online seroquel el baile son, desde tiempos inmemoriales, fuente de placer y de alegría. Y hoy, en pleno siglo XXI, la danza se concibe como terapia cuando permite recuperar la capacidad y el lenguaje más primitivo del buy acyclovir cream without prescription ser humano: el del cuerpo. Un idioma sin palabras que sirve, además, para trascender a un nivel espiritual superior.

La danza es tan antigua como el hombre mismo. Ligada desde su origen a la práctica de la magia y la religión, fue hermana de chamanes y brujos, y sigue acompañándonos hoy de purchase buy zoloft mil formas distintas. De dos de ellas nos ocuparemos aquí: una, la que sirve para sanar la mente y el 300 mg seroquel unprescribed cuerpo; otra, la que reinventa la conexión mística del ser humano con la divinidad. Bernard tadalafil sublingual dosage Wosien fue bailarín, coreógrafo, maestro de danza y artista plástico.

Nacido en Alemania, en la década del´60, inició una nueva etapa en su danza, llamándola “Danza Sagrada”, “Meditación Danzando” o “Danzas Circulares”.

La danza circular, por otra parte, no es nueva, existe desde siempre y nace de la necesidad humana de identificarse con la eterna rueda de fuerzas creativas del Cosmos.

A través de ella, podemos trascender la fragmentación, creando una síntesis entre el cuerpo y el espíritu. Bailar en círculo constituye una antigua tradición común a muchas culturas. Su poder se debe a la fuerza y energía que genera el contacto con otros, curando y sanando en cada movimiento nuestro físico y mente, a la vez que nuestro espíritu se eleva.

No es necesario saber bailar, los pasos de estas danzas se caracterizan por su absoluta simplicidad; pero brillan en todo su esplendor por la sensación sanadora que producen en nuestro interior. El círculo no es una figura caprichosa; en la geometría sagrada, representa el símbolo de la trascendencia, de la perfección. Danzar en círculo, por tanto, no sólo regenera cuerpo, mente y espíritu; sino que, además, nos conecta con lo más misterioso del espíritu divino.

¿Quiénes pueden bailar?

Todos, también los adultos, sobre todo, los mayores, ya que renueva la energía interna. Porque danzar ayuda a mejorar dolencias crónicas, estados depresivos, el cansancio, el temor. Es más, constituye una verdadera terapia alternativa en tratamientos clínicos prolongados, en los que aporta resultados asombrosos. Por otra parte, el lenguaje no verbal de la danza sirve para rescatar nuestros talentos. Todos somos seres creativos, pero esta capacidad se va perdiendo, lo que produce, además, una mayor desconexión con el cuerpo y los sentimientos.

La danza sirve para volver a conectarlos. Asimismo, es recomendable como actividad física para vencer el sedentarismo, ya que la danza no sólo ayuda a descargar energía, sino, también, a fortalecer la seguridad y la autoestima.

Un poco de historia

El hombre primitivo danzó en un espacio libre central, alrededor de un tótem o divinidad protectora y, cuando esto faltaba, lo hacía alrededor del fuego. También, las danzas de iniciación, femeninas o masculinas, tienen lugar alrededor del fuego y otras en grandes chozas especiales cuando la ceremonia es secreta. Si se hace en honor a un espíritu protector, suelen realizarse en un lugar al aire libre. Los bailarines forman una procesión, guiados por un sacerdote o chamán.

Danzas sagradas, los derviches

Los derviches son los sufís islámicos. El sufismo es una corriente espiritual surgida en Persia antes de la era cristiana que se integró posteriormente a la cultura del Islam. Constituye un camino místico, cuya búsqueda permanente consiste en tener experiencia de Dios, en conectarse con la divinidad de forma directa, una unidad que sólo puede lograrse a través del amor. El sufismo está formado por una diversidad de técnicas, dirigidas e indicadas por el maestro o sheik, todas basadas en la meditación, la oración, el ayuno, la música, la poesía, los cuentos y la danza.

Es una danza circular (ver imagen superior) y de carácter grupal a la vez que individual. El giro es practicado según determinadas reglas, y en lugares y momentos precisos.

La mano derecha se coloca extendida hacia lo alto con la palma mirando hacia el infinito, la mano izquierda se dirige hacia la tierra. De esta manera, el bailarín se convierte en un mediador entre el cielo y la tierra, entre lo infinito y lo finito. En este rodar rítmico, que puede durar varias horas, se busca entrar en unión con Dios, un vínculo místico, directo, no mediado por la razón, ni por las palabras o las ideas. Se trata de una unión gobernada únicamente por el misterio de la música y la danza, por medio de las cuales nos conectamos con ese algo inefable que llamamos “Dios”.

Danzas mágicas, bailando con los orixás

Las Danzas de Orixás que hoy en día conocemos, son recreaciones artísticas y estilizadas de las danzas sagradas religiosas pertenecientes a la religión tradicional africana o Yoruba, originaria de lo que hoy son los territorios de Nigeria y Benim, en África Occidental.

En el Culto a los Orixás, encontramos dos componentes esenciales: la música y la danza. A través de ellas, uno se conecta con el “poder” (o Axé), que le es propio. Ellos creen que esos ritmos y bailes provienen de las “casas religiosas” (o Ilés). Su función es estar cerca del pueblo, sin que la fe o la creencia sea un elemento indispensable para practicarlas.

Xiré (Rueda) es el nombre de la danza de los Orixás, los espíritus o dioses de la religión Yoruba, originaria de África y hoy presente en varios países de América Central y del Sur, donde cuenta con numerosos adeptos, sobre todo, en Cuba y en Brasil.

Se llama Xiré o “Rueda”, no sólo por el hecho de que la danza se realice en círculo, sino por el significado simbólico de esta figura geométrica, que representa la eternidad, el movimiento perpetuo sin principio ni fin.

Ruedas con Orixás

En el Xiré de Orixás se suceden gestos de alto contenido simbólico que reproducen en tierra los sucesos que los Orixás vivieron en el cielo (Orum) y en la tierra (Aye). Y lo que es muy importante, hay una variedad de energías que identificamos con cada uno de los elementos naturales (Aire, Agua, Tierra, Fuego y Espíritu). Cada uno de los Orixás pertenecen a uno o más de ellos, lo que se traduce en diferentes estados energéticos del danzante y de los músicos, ya que el ritmo y la danza persiguen, al igual que en los demás casos, un vínculo espiritual.

Este abanico de posibilidades exige un estado de relajación corporal y mental elevado y, quizá, sea ésta una de las metas más difíciles de lograr.

Por eso, es importante que quien se dedique al aprendizaje de estas danzas, entienda e investigue su contenido simbólico.

De la danza y sus símbolos: habla un derviche

“(…) Quizá uno de los significados simbólicos más importantes sea, debido a la posición que adoptan los brazos y manos de los danzantes, el de recoger la baraka del Cielo y llevarla a la Tierra para distribuirla a los demás. Pero, ¡atención!, Si se profundiza en un símbolo puede caerse en el error de intentar definirlo, obligando a los demás a pensar como uno mismo. Esta ceremonia tiene un gran sentido místico y un profundo mensaje. Significa la conjunción entre el hombre y su divinidad. Es un secreto. Lo que sucede puede explicarse por símbolos, no hay otro medio. Pero es necesario que todos estos símbolos estén “libres” para que este mensaje se trasmita. Porque, pretendiendo definir un símbolo, lo que hacemos es “ocupar” las imaginaciones. (…) Desde luego, la vida esotérica no es visible desde el exterior. El ser humano es como un volcán y es preferible dejarlo así (…)”.

(Extracto de la entrevista a un derviche, citada en: http://www.temakel.com/texmitdervicheb.htm/, publicada originalmente por la revista “Cielo y Tierra”, de Barcelona, España).

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